En la sala oscura

El planeta me ofreció una salida y me negué completamente a ella, fui sometido a un feroz acto de locura, me gusto su pasión, me calmo su ira y su amor me dio vida, pero su desprecio termino matándome. Revestí aquel penoso festejo de negro, tratando de opacar las vibraciones que sucumbían el cuerpo de los presentes, pedí a gritos fantasmagóricos que me dejen descender por el hueco que me esperaba con la boca abierta y aun así las nubes me querían seguir viendo allí tiñendo mi armadura de escalofríos.

Si hubiera sabido que la felicidad era una etapa negativa de aquella niebla que me cegó mientras corrí esta carrera inútil no la hubiera buscado, lo juro. Y sinceramente no me siento lejos de aquellos, los tengo en mis sentidos inertes ahora conmigo. Es difícil abandonar la agonía para darle la razón al destino.

Estas no son más que palabras de una persona que no responde por sus dichos, ahora no puede hablar. Pero puede oír el ruido que lo acosará infinita mente. Muchas veces lo errores nos convierten en presas, y seguimos alimentándolas con imprudencia.

Todos mis sueños desaparecen.

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